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Vino Orange: ¿Moda pasajera o verdadero color del vino?

Entender el VinoLos Secretos de la Vinificación

Cada vez lo veis más en las cartas de los bares de vino. Pero ¿qué es exactamente el vino orange? Ni blanco, ni rosado, ni aromatizado con cítricos — la verdadera explicación.

Cada vez lo veis más en las cartas de los bares de vino de moda en Lyon y en las bodegas. Su color ambarino intriga, su nombre interroga.

¿Es una mezcla? ¿Un rosado fallido? ¿Una bebida aromatizada con cítricos? Para nada. El vino orange es una categoría propia, con una historia milenaria y una técnica de elaboración precisa que diseccionamos en nuestro recorrido pedagógico.

Bienvenidos al «cuarto color» del vino.


El Vino Orange es… ¡vino tinto hecho con uvas blancas!

Para entender el vino orange, hay que volver a las bases de la vinificación, explicadas en nuestro módulo «De la viña al vino»:

  • Para hacer vino blanco, se prensan las uvas (generalmente blancas) y se separa inmediatamente el mosto de las pieles. Solo el mosto fermenta.
  • Para hacer vino tinto, se deja macerar el mosto con las pieles (de uvas negras) durante la fermentación. Es la piel la que aporta el color y los taninos.

¿Y el vino orange? Es un híbrido ingenioso. El viticultor utiliza uvas blancas (como Chenin o Gewurztraminer), pero las vinifica como un tinto. En lugar de prensar enseguida, deja las pieles macerar en el mosto durante varios días, o incluso semanas.


¿Por qué ese color ambarino?

No es un colorante, ni una oxidación accidental. Es esta maceración prolongada con las pieles la que tiñe el vino. Los pigmentos contenidos en la piel de la uva blanca se difunden en el mosto, dándole esa capa que va del dorado profundo al naranja cobrizo, a veces incluso ambarino.

Cuidado con la trampa: El «vino orange» no tiene nada que ver con la fruta. No contiene naranjas. Es únicamente el color producido por la maceración el que le da su nombre.


Una técnica tan antigua como el mundo (o casi)

Si el vino orange parece «tendencia» hoy, en realidad es uno de los métodos más antiguos del mundo. Nació en el Cáucaso, en Georgia, hace más de 5.000 años.

Allí, tradicionalmente, no se ponía el vino en cuva de acero inoxidable ni en barrica, sino en grandes jarras de barro cocido llamadas Qvevris, que se enterraban para mantener una temperatura estable.

Hoy, este método está siendo rescatado, especialmente por los viticultores «naturales» que buscan vinos más brutos, menos filtrados y muy expresivos.


¿A qué sabe? La experiencia sensorial

Es aquí donde el vino orange más sorprende.

  • En nariz: Se encuentran a menudo aromas potentes de té, frutas secas, especias o cortezas de cítricos.
  • En boca: ¡Es la sorpresa! A diferencia de un blanco clásico que juega con la acidez, el vino orange tiene estructura. La presencia de las pieles aporta taninos, esa sensación un poco áspera típica de los vinos tintos.

Es un vino «de gastronomía» por excelencia, capaz de hacer frente a platos especiados, quesos madurados o cocina asiática, donde un blanco clásico quedaría eclipsado.


En resumen

El vino orange es la frescura del blanco con la estructura del tinto. Es un vino que sacude los hábitos, a veces un poco turbio (al no estar filtrado), pero que ofrece una experiencia única.

En nuestra sala dedicada a la vinificación, podéis manejar nuestra pantalla interactiva para comparar, paso a paso, el nacimiento de un vino blanco, un tinto, un rosado… y un orange. ¡Por fin entenderéis por qué el color de la uva no lo es todo!